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La última copa

  Siempre hay una fiesta a la que ir, una inauguración a la que no quieres faltar, una reunión con gente a la que aprecias. Siempre hay una excusa para brindar. Había decidido dejar atrás las malas costumbres en mi vida, la comida basura, el tabaco,... y como no, el alcohol. No quedaba apenas gente en la fiesta y hasta ese momento había logrado capear la tentación de beber alcohol, nunca bebí tanto té helado, ni tanta agua. De hecho, la mayoría de los camareros solo llevaban champagne o bebidas alcohólicas en sus bandejas.  Me empezaba a sentir orgullosa de mi misma hasta que vi a ese muchacho delante de mi. Era fuerte, guapo, con unos ojos azules y unas facciones bien marcadas. Era guapo, muy guapo. Llevaba una bandeja con una botella de champage. Lo miré de arriba a abajo centrándome en su entrepierna. Tenía un buen paquete, no os mentiré. Además se le marcaba todo porque llevaba un pantaloncito de látex. Mis ojos no podían apartarse de ese paquete en el que reflejaba la poca luz que

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